Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar Sandokán hizo una seña a Sambigliong, y pocos momentos después el gallardete descendía sobre la cubierta. Casi en el mismo instante en que esto sucedía, se destacó del costado del crucero una segunda chalupa: en ella iban Yáñez y Damna.
-Sir Moreland -dijo Sandokán -, ¿dónde recogió a ustedes ese buque?
-En Mangalum -respondió el angloindio, sin apartar los ojos de la chalupa, que se acercaba a gran velocidad.
-¿Se habían salvado ustedes en el escollo?
-Sí -contestó secamente el capitán, que parecía haber perdido su habitual cordialidad y hallarse inmerso en profundas cavilaciones.
Poco después llegaba la segunda chalupa. Yáñez y Damna subieron precipitadamente la escala, y cayeron el uno en brazos de Sandokán y la segunda en los de su padre.
Sir Moreland; muy pálido, miraba tristemente aquella escena. Cuando se separaron, se volvió hacia el Tigre de Malasia, y le preguntó:
-Y ahora, ¿seguirá usted reteniéndome prisionero?
-No, sir Moreland, es usted completamente libre. Vuélvase a bordo de ese buque -contestó Yáñez.