Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar Sandokán no pudo ocultar un gesto de asombro. No creía, ni mucho menos, que fuese aquélla la contestación que debía darse al angloindio, sin embargo, no replicó.
-Señores -dijo entonces el capitán, con voz grave y mirando fijamente a Sandokán y a Yáñez -, espero que volveremos a vemos pronto; pero entonces, como enemigos encarnizados.
-Le esperaremos a usted -respondió fríamente Sandokán.
Sir Moreland se aproximó a Damna y le tendió la mano, diciendo con triste acento:
-¡Que Brahma, Sivah y Visnú la protejan, señorita!
La muchacha, que estaba profundamente conmovida, le estrechó la mano sin articular una sola palabra. Parecía como si tuviese un nudo en la garganta.
El angloindio fingió no ver las manos que le alargaban Yáñez, Sandokán y Tremal-Naik, en vez de ello, saludó militarmente, y descendió a toda prisa la escala sin volver la vista atrás.
No obstante, cuando la chalupa que le conducía hacia el crucero pasó por delante de la proa del Rey del Mar, levantó la cabeza, y al ver a Damna y a Surama en el castillo, las saludó con el pañuelo.