Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar Los pasajeros, agolpados en la toldilla, proferían gritos ensordecedores, creyendo que había llegado su última hora.
Las cuatro chalupas, tripuladas por los sesenta hombres, armados con carabinas y kampilangs, se pusieron rápidamente en marcha en dirección al vapor, mientras que los artilleros del Rey del Mar apuntaban dos piezas de las torres de babor, dispuestos a hacer fuego al menor indicio de resistencia por parte de los Ingleses.
Cuando las chalupas se hubieron aproximado al vapor, y estaban a una distancia de trescientos pasos, Yáñez ordenó imperiosamente a los marinos Ingleses que bajasen la escala, amenazando con hacer fuego si no le obedecían.
A bordo hubo unos momentos de confusión y de duda. Aparecieron en las bordas algunos marineros armados de fusiles, como si tuviesen intención de oponer resistencia; pero los, furiosos gritos de los pasajeros, que no querían, como es de suponer, exponerse al peligro de que la formidable artillería del corsario los echase a pique, les obligaron a retirarse, y la escala descendió de un solo golpe.
Yáñez, seguido de Tremal-Naik, Kammamuri y doce hombres, se lanzó, hacia la plataforma, desenvainando su sable inmediatamente.