Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar Al ver que algunos llevaban consigo fusiles, Sandokán, que se mostraba inexorable, ordenó que los arrojasen al mar o que volviesen a llevarlos a bordo, amenazando con acribillar en el acto a las embarcaciones - si no era obedecido.
Mientras el embarque se realizaba entre gritos, imprecaciones, amenazas y disputas, el Rey del Mar giraba lentamente en derredor de los dos barcos, siempre apuntándolos con los cañones.
-¿Qué es lo que vas a hacer con esos transportes? -preguntó Yáñez.
-¡Los hundiremos! -respondió fríamente Sandokán, ¡El mar está dispuesto a recibirlos!
-¡Qué lástima no poder remolcarlos hasta cualquier puerto!
-¿A cuál? ¡No hay ni un solo refugio amigo para los últimos tigres de Mompracem! ¡Cualquiera diría que todos los Estados de Borneo, después de habernos admirado tanto, tienen miedo del leopardo inglés! Pero no importa; no por eso dejaremos de hacer lo nuestro. Confiaremos al mar estas presas. ¡Ese, por lo menos, no nos las devuelve nunca!
-¡Cuántos tesoros perdidos inútilmente! -respondió Damna.