Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar -¡Asà es la guerra! -contestó con sequedad Sandokán -. Yáñez, manda que echen al agua las chalupas y que abran los depósitos de carbón. ¡El Rey del Mar tendrá buena provisión de combustible!
Los soldados, cuyas embarcaciones habÃan hecho ya varios viajes, habÃan acampado casi todos en la playa más próxima, dispuestos a refugiarse en los bosques en caso de peligro.
Yáñez hizo embarcar cincuenta hombres bien arma, dos y les ordenó que ocupasen ambos transportes, antes, de que terminasen de abandonarlos sus tripulaciones, con objeto de evitar cualquier traición.
Aquellos barcos llevarÃan, probablemente, pólvora a bordo, y los respectivos comandantes, al marcharse, podrÃan haber dejado colocadas algunas mechas encendidas en la santabárbara, y hacer que volasen los transportes, y con ellos los depósitos de carbón, de que tan necesitados estaban los tigres de Mompracem.
En cuanto hubo salido el último inglés, se dirigió a bordo de las dos naves un nuevo pelotón de malayos al mando de Kammamuri para proceder a la descarga del combustible y las municiones de guerra.
Los soldados miraban con ansiedad desde la playa la maniobra de los piratas, y se mostraban muy asombrados al ver que no tomaban los dos buques a remolque, que era lo que habÃan sospechado.