Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar Yáñez fue el primero en subir a bordo. Atravesó por entre la multitud allí reunida, y se dirigió hacia el puente de órdenes, y una vez allí, le dijo al capitán del steamer, que no se había movido para Ir a su encuentro:
-Señor, no es usted muy cortés con un hombre que hubiera podido cañonearle.
-Hágalo usted, si así le place -contestó, fríamente, el capitán -. Yo no me opongo, pero piense usted, sin embargo, que a bordo de mi barco hay más de quinientas personas, entre ellas muchas mujeres, muchos niños y muchos hombres que no son Ingleses.
-¿Tiene usted suficientes chalupas para que quepan todos, incluso la tripulación?
-Sí.
-La costa de Borneo no está lejos, y el mar no da por ahora señales de alborotarse. Mande usted embarcar a todos y váyanse, porque el vapor, desde ahora, no pertenece a nadie más que a mí.
-Mis marineros y los pasajeros son dueños de abandonar el barco; yo me quedaré aquí, suceda lo que suceda -dijo el inglés -. ¡Yo no cedo ante los piratas de Mompracem!
-¡Ah! ¿Sabe usted quiénes somos? ¡Magnífico! ¡Le echaremos a usted a pique con el barco!
-¡Qué! ¿Lo hundirán ustedes?