Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar Sandokán se hallaba nuevamente dominado por la terrible ansia de hundir, y parecía que resucitaba el sanguinario pirata de otros tiempos. Sabiendo que más pronto o más tarde había de encontrarse frente a alguna de las poderosas escuadras que el Almirantazgo había lanzado tras él, quería dar un golpe mortal al comercio inglés, y asombrar al mundo con su audacia.
-Nuestros días están contados -había dicho a Yáñez y a Tremal-Naik -. Dentro de algunos meses ya no encontraremos ningún barco inglés que nos provea de combustible. Mientras tanto, aprovechémonos; después sucederá lo que nos haya decretado la suerte.
-Encontraremos otros barcos que nos aprovisionarán -había dicho Yáñez -, porque obligaremos a los de otras nacionalidades a que nos vendan el carbón, aun cuando haya que recurrir a la violencia.
-¿Y después?
-¿No estoy yo aquí para después? -dijo detrás de ellos una voz como de gallina clueca -. ¡Mi asombroso invento destruirá todos cuantos barcos traten de acometernos!
Era el doctor Paddy O'Brien, de Filadelfia, el demonio de la guerra, de quien hasta entonces nadie se había acordado.