Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar -¡Ah! ¿Es usted? -dijo Yáñez, sonriendo un poco burlonamente -. ¿Usted, que en el momento del peligro, detendrá los proyectiles que lancen contra nosotros?
-No, señor; usted se equivoca: yo no detendré los proyectiles -contestó vivamente el hombrecillo -. Lo que haré será volar los polvorines de los buques que nos acometan. Mi aparato no fallará.
-Tengo la convicción de que eso es posible -dijo en aquel momento el ingeniero Horward -. M compatriota me ha explicado en qué consiste su invento, y aun cuando la cosa parezca increíble, creo que, en efecto, puede hacer volar los buques que nos persigan.
-Ya lo veremos -dijo Sandokán, con acento de duda.
-Sí continuamos bajando hacía el Sur, el mejor día nos encontraremos con nuestros adversarios. Para entonces debe usted tener dispuesta su maravillosa máquina, señor Paddy.
El Rey del Mar siguió, durante dos das más, su ruta hacia el Sur y enderezando la proa mar adentro, sin que lograse descubrir ni un solo vapor en ninguna dirección.