Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar La dificultad estribaba en poder llegar hasta la isla, que estaba a más de cuatrocientas millas de distancia, antes de que la escuadra aliada, que ya debía de haberse alejado de las aguas de Sarawak, cayese sobre el Rey del Mar y le sorprendiera con los fuegos medio apagados, obligándole a aceptar un combate con fuerzas enormemente superiores.
Por el momento no parecía que les amenazase tan gran peligro, porque un giong que procedía del Sur les habla dicho por la mañana que no había visto barco alguno de guerra en las aguas de Labuán ni en las de Bruni.
Terminado aquel breve consejo, el Rey del Mar se puso en seguida con rumbo hacia el Nordeste, debiendo pasar muy lejos de Mompracem, y sostenerse a Poniente de los dos grandes bancos de Samarang y de Vernon.
Para hacer la máxima economía posible de carbón, se apagaron la mitad de los fuegos; de este modo el crucero caminaba solamente con una velocidad de seis nudos por hora.
Sandokán, que estaba más nervioso que Yáñez, se sentía, además, de un pésimo humor.