Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar »Afortunadamente, el amor produjo en mà un cambio radical. Poco a poco se fue extinguiendo el odio que sentÃa contra ustedes. Los ojos de esta muchacha ejercieron sobre mà una fascinación ideal, y me hicieron ver con horror la enormidad del delito que estaba a punto de cometer, al querer vengar a aquella secta sanguinaria, reprobada por todas las gentes de bien.
»Hace ya muchas noches que no he vuelto a oÃr el terrible grito de venganza de mi padre. Quizá se haya aplacado su ánima. Que me perdone, pero yo, hombre civilizado, no puedo ser el vengador de los thugs de la India. ¡Señor Yáñez, Tigre de Malasia, están ustedes en libertad, juntamente con todos sus hombres! Yo solo los he vencido, y, por lo tanto, yo solo tengo el derecho de condenarlos o de absolverlos, y los absuelvo.
El hijo del thung permaneció inmóvil durante un momento y después, volviéndose hacia Tremal-Naik, le dijo:
-¿Quiere usted ser mi padre?
-¡SÃ! -contestó el hindú -. ¡Sed felices, hijos mÃos, y que jamás vuelva a turbarse la paz ahora que los thugs ya no existen!
Con un movimiento simultáneo, el angloindio y Damna se arrojaron en los brazos abiertos de Tremal-Naik.
Kammamuri, que habÃa bajado silenciosamente la cabeza, lloraba emocionado en un ángulo de la salita.