Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar -Dejarle en libertad, señor, para que regrese a Macrae.
-Es que tal vez se arrepienta usted de esa generosidad, porque mañana les daré caza a ustedes con mi barco.
-Y encontrará en su camino a un adversario digno de usted - contestó Yáñez -. Si quiere usted esperar a la tripulación de la barcaza, aquí estará dentro de pocos minutos.
-¿Se han rendido esos cobardes?
-Los hemos sorprendido y no podían medirse con nosotros. ¡Capitán, buenas noches y buena suerte!
-¡Nos veremos más pronto de lo que usted cree!
-¡Les esperaremos, sir Moreland! ¡Eh! ¡Embarcaos!
Tremal-Naik cogió de una mano a Damna, que no había dicho una palabra, y la llevó dulcemente a la chalupa, donde la hizo sentarse a popa; después se embarcaron los demás.
Mientras tanto, el capitán se paseaba nerviosamente por la playa, tratando de romper las ligaduras que le sujetaban las manos.
La chalupa se dirigió rápidamente hacia la barcaza, cuya chimenea seguía humeando, y que tenía encendido el farol de la proa.