Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar La sorpresa que le produjo al joven capitán tal revelación fue tan enorme, que durante algunos instantes no pudo pronunciar ni una sola palabra.
-¡Yáñez! - exclamó al fin, mirándole casi con terror -. ¡Usted, el compañero del Tigre de Malasia!
-¡Tengo ese honor! - repuso el portugués.
El capitán volvió los ojos hacia Damna. La jovencita no habÃa dado el más ligero grito, ni hecho el más mÃnimo movimiento durante aquella agresión imprevista. HabÃa permanecido inmóvil y silenciosa a cinco pasos del angloindio, aun cuando su palidez demostraba la angustia que sentÃa.
-¡Si se atreve usted, máteme! - dijo, volviéndose hacia Yáñez.
-Caballero, nos llaman piratas, pero sabemos ser generosos; mucho más generosos que otros - respondió el portugués -. Si yo hubiese caÃdo en manos del rajá, a estas horas ya me hubiese fusilado, en cambio, yo, señor, le concedo a usted la vida.
-Que yo te habrÃa pedido - dijo Tremal-Naik.
-Y que yo no te hubiera rehusado - añadió Yáñez.
-Entonces, ¿qué es lo que quiere usted hacer conmigo? - preguntó el capitán, apretando los dientes.