Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar En cuanto Yáñez vio que la chalupa ya flotaba, se acercó a sir Moreland, que estaba cerca de Damna y le tendió la mano, diciéndole:
-¡ConfÃe usted en mÃ, capitán! ¡Pondré a salvo los prisioneros!
Mientras pronunciaba estas palabras le apretó con tal fuerza la mano al angloindio, que le hizo crujir los dedos y le paralizó el brazo.
Mientras le tenla cogido de este modo para impedir que desenvainara el sable, Sambigliong cogió al capitán por la mitad del cuerpo y le echó al suelo.
Sir Moreland dio un grito de furor.
-¡Ah! ¡Miserables!
Los piratas se precipitaron sobre él, y en un abrir y cerrar de ojos le ataron las manos atrás y le quitaron el sable y las pistolas que llevaba al cinto.
En cuanto pudo ponerse en pie, pues le habÃan dejado libres las piernas, hizo ademán de arrojarse sobre Yáñez, que le miraba sonriendo silenciosamente.
-¿Qué significa esta agresión? - gritó, pálido de ira -. ¿Quién es usted?
Yáñez se quitó el casco y saludándole con ironÃa, contestó:
-¡Tengo el honor de presentarle los saludos de mi amigo el Tigre de Malasia!
-¿Y quién es usted?
-Yáñez de Gomara, sir Moreland.