Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar Comenzaban a llover balas y granadas sobre ambos barcos, golpeando rudamente los costados de hierro, arrancando astillas a los puentes, chamuscando los penoles e hiriendo a la marinería.
Al reventar, las granadas lanzaban a lo alto chorros de fuego que amenazaban a cada instante incendiar la arboladura.
Los fusileros, a su vez, tendidos detrás de las amuras, habían comenzado a disparar, menudeando las descargas.
Los dos barcos se hallaban envueltos por una espesísima nube de humo, surcada a intervalos por relámpagos, y el estruendo era tan enorme, que apenas podían oírse las voces de mando.
El barco americano, mejor protegido, mejor artillado, mucho más rápido y tripulado, además, por unos hombres que habían encanecido entre el humo de los combates, llevaba ventaja a su adversario. Su poderosa artillería castigaba de un modo terrible al crucero, inundándole de fuego y de hierro, demoliendo su obra muerta, matando a sus hombres y abriéndole en el casco enormes boquetes.