Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar En vano aquella nave, que había creído aniquilar fácilmente a los piratas de Mompracem, hacía esfuerzos sobrehumanos para dar la réplica a aquel auténtico huracán de hierro que caía con horrible estruendo sobre sus puentes, y hacía considerables estragos entre los artilleros y los fusileros de la cubierta. Sus balas rebotaban en las planchas metálicas del Rey del Mar, y sus granadas no lograban destruir las torres blindadas, dentro de las cuales disparaban sobre seguro los artilleros de Mompracem, bajo la dirección de los jefes de cañón americanos.
Cuando Sandokán se percató de la completa inutilidad de los fusileros, tan indispensables en los praos pero no en esta otra clase de barcos, los mandó que se retiraran bajo cubierta, ordenando, además, dirigirse al crucero para darle el último golpe.
El Rey del Mar, casi incólume, a pesar del furioso e ininterrumpido cañoneo de su enemigo, se lanzó hacia adelante, describiendo un enorme semicírculo en torno al crucero del enemigo, que entonces se había detenido.
Cuando se hallaba a una distancia de cuatrocientos metros aproximadamente, le hizo una terrible descarga de andanada con las piezas del puente y las de babor, dejándole raso como un pontón.