Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar Las dos chimeneas cayeron destrozadas, sobre la cubierta, derribadas por dos granadas que estallaron en su base.
-¡Esto se acabó! -dijo Yáñez -. ¡Intimidémosle a la rendición!
-¡Si es que se rinde! -contestó Sandokán.
Esperó a que el viento aclarase el humo, y luego mandó izar en el pico del palo mayor la bandera blanca. La contestación fue una andanada que tiró por tierra a la mitad de los timones del Rey del Mar.
-¿Es que no tenéis bastante todavÃa? -gritó Sandokán -. ¡Echadle a pique! ¡Fuego! ¡Fuego sin piedad!
Inmediatamente volvió a reanudarse por ambas partes el cañoneo, y siguió en aumento de un modo espantoso. El Rey del Mar continuaba dando vueltas rápidamente en derredor del desgraciado crucero, que se deshacÃa materialmente bajo la lluvia de proyectiles que le enviaba su enemigo.
El barco americano lograba maravillas. ParecÃa un volcán en erupción dispuesto a destruirlo todo,
Por su parte, el crucero oponÃa una resistencia verdaderamente heroica a pesar de que ya no era otra cosa que un montón de ruinas. Sus dos piezas de cubierta, desmontadas por aquella granizada de proyectiles ya no contestaban.