Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar El puente estaba inundado de muertos y de heridos, mezclados con trozos de obra muerta, con penoles partidos, con pedazos de aparejos y de cordaje, caídos de la arboladura bajo las descargas de metralla enviadas por Sandokán.
Regueros de fuego corrían de proa a popa, iluminando el mar de un modo sobrecogedor, y por los contracantiles de babor y de estribor salían chorros de sangre.
El barco se deshacía por momentos bajo los golpes furiosos, mortales, del Rey del Mar.
-¡Basta! -gritó de pronto Yáñez, que asistía a tanto estrago desde la torre de órdenes -. ¡Alto el fuego! ¡Al mar las chalupas!
Sandokán, que contemplaba la escena fría, impasible y terriblemente, se volvió hacía el portugués y le dijo:
-¿Qué es lo que ordenas, hermano?
-¡Que cese la matanza!
El Tigre de Malasia vaciló durante unos instantes y después repuso:
-¡Tienes razón: salvemos a los supervivientes! ¡Esos hombres y sobre todo su comandante, son unos héroes! ¡Rápido! ¡Al agua las chalupas!