Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar Después de una carrera furiosa que duró más de una hora, los puntos luminosos fueron haciéndose casi invisibles.
-Creo que ya es tiempo de que volvamos a tomar de nuevo nuestro rumbo hacia el Noroeste -dijo Sandokán a Yáñez -. Los ingleses continuarán su persecución siempre hacia el Norte.
Mandó apagar todos los faroles, y el Rey del Mar, después de describir una gran curva, se dirigió otra vez hacia el Noroeste.
La maniobra obtuvo el resultado que se esperaba, puesto que, durante algunos minutos se vio brillar los faroles de los otros barcos en los confines del horizonte, y luego desaparecieron en seguida.
-¡Vamos! -dijo Yáñez muy satisfecho -. ¡Todo va bien! ¡Creo que podemos irnos a dormir durante algunas horas! ¡Nos hemos ganado el descanso!
Cuando despuntaba el dÃa, el mar estaba completa mente desierto. No se veÃa más que a los pájaros marinos revoloteando sobre las olas que agitaba la brisa matutina.
El Rey del Mar habÃa reducido su marcha a ocho nudos. A cada momento que pasaba se hacÃa más preciado el combustible.