Sandokan el Rey del Mar
Sandokan el Rey del Mar -¡Ahora boguemos pronto, hermanito! ¡Los barcos se aproximan!
-¡Señor Horward! -gritó Sandokán -. ¡A toda máquina!
-Iremos a tiro forzado, comandante -contestó el americano.
El Rey del Mar habÃa vuelto a emprender su carrera. Montones de carbón llovieron sobre los hornos, y las máquinas funcionaron de un modo rabioso, imprimiendo al casco un sonoro trepidar.
Todos habÃan subido a cubierta, incluso Damna y Surama. PodÃa darse el caso de que de un instante a otro se encontrara el crucero con algún buque destacado en exploración hacia Levante, y todos querÃan estar dispuestos para la lucha.
Sin embargo, en aquella dirección no se veÃa brillar ninguna luz.
Sandokán, Yáñez y Tremal-Naik, de pie en el puente de órdenes, miraban con gran atención los puntos luminosos que ahora parecÃan haber cambiado de posición. Era que los comandante de los buques ingleses, al darse cuenta de que el corsario huÃa hacia el Norte, cambiaron de rumbo con la esperanza de capturarle.
Pero la distancia entre ambos, en lugar de disminuir, aumentaba de minuto en minuto y, aun cuando forzaban la máquina, aquellos barcos no podÃan navegar a la misma velocidad que el corsario.