Un drama en el Oceano Pacifico
Un drama en el Oceano Pacifico Un marinero partió como una flecha a través de las cuerdas, cadenas y demás objetos que embarazaban la cubierta, descendió al cuadro de popa y volvió en seguida, trayendo una mecha, que encendió al punto. Brilló una luz humeante, oscilando a causa de las ráfagas de aire que hacía saltar de ella multitud de chispas con reflejos de un azul brillante. Casi al mismo tiempo, y como si el cielo hubiera tenido envidia de aquella luz, un relámpago lo hendió de Poniente a Levante, iluminando como en pleno día el revuelto Océano.
Ante los ojos de la tripulación se ofreció un terrible espectáculo, que seguramente no esperaba.
A media «gomena» de la nave una pequeña balsa, casi destrozada, con un palo roto en el que aún se veía un trozo de vela, luchaba desesperadamente con las olas, que la invadían por todas partes. Dos hombres, uno blanco y otro negro, hallábanse cerca del palo estrechamente abrazados y como si lucharan ferozmente. En sus manos se veían brillar objetos que levantaban y bajaban con rapidez y que parecían cuchillos o puñales.
—¡Dios mío! —exclamó miss Ana, retrocediendo vivamente.
—¡Mil millones de rayos! —exclamó el capitán—. ¿Qué es lo que está pasando en aquella balsa?
Un grito agudo, estridente, como lanzado por un hombre a quien acaban de asesinar, se alzó de las aguas seguido de otro grito que parecía de triunfo.