Un drama en el Oceano Pacifico
Un drama en el Oceano Pacifico —No; pero no os atreveréis, si es que deseáis que el buque llegue a puerto y se salve vuestra hija.
¡Aquello era demasiado! La paciencia del capitán habÃa sido bien puesta a prueba.
—¡Miserable! —exclamó levantando el puño contra el náufrago, que nada hizo por evitarlo.
La mano del gigantesco Hill cayó como rumor sordo sobre el náufrago y lo inclinó con fuerza irresistible, haciéndole caer sobre el puente.
Al ver en el suelo a su compañero los otros náufragos, que esperaban en el castillo de proa, afectando gran calma, se levantaron de pronto; pero Asthor tocó el pito y mandó a la tripulación que estuviera dispuesta a reprimir cualquier intentona.
—Matadme si os parece, o, mejor dicho, asesinadme —dijo Bill con frÃa ironÃa, permaneciendo en el suelo.
—¡No, canalla! —respondió el capitán furibundo—. Yo no soy de esos hombres que asesinan, pero te pondré en la imposibilidad de hacernos mal a mÃ, a mi hija y a mi tripulación.
—¿Y luego? —preguntó, siempre irónicamente, el náufrago.
—¡Después te haré azotar! Asà aprenderás a guardar el debido respeto, primero, a tus salvadores, y después, a tus superiores.
—¡Probadlo!