Un drama en el Oceano Pacifico
Un drama en el Oceano Pacifico Las maderas crujían, los puntales del entrepuente caían requemados, las tablas de la cubierta ardían ya y en todos los compartimentos de la nave comenzaban a sentirse los efectos destructores del fuego.
Nadie podía permanecer ya en la cámara común de la tripulación.
Los hombres que formaban la cadena con los cubos habían tenido que retirarse de aquel sitio peligroso para no ser sofocados por el humo y ante el temor de que el pavimento se hundiera repentinamente bajo sus pies.
Las bombas, sin embargo, seguían funcionando con toda rapidez. Los marineros, que conservaban una sangre fría admirable, trabajaban con energía suprema, bajo las miradas del capitán y del piloto Asthor.
Cuando uno se rendía, sustituíale otro, y los torrentes de agua caían con silbidos agudos en la encendida cavidad del buque.
Tres veces el capitán Hill, con audacia inaudita, se había aventurado a través del humo y de las llamas, sin importarle nada el peligro, para ver mejor las proporciones del incendio; mas se había visto obligado a retroceder para librarse de la asfixia.
A las tres de la tarde, Asthor, que había osado entrar en la cámara común para salvar la caja y la documentación de a bordo, tuvo que volver con toda presteza al puente, chamuscados el cabello y la barba.