Un drama en el Oceano Pacifico
Un drama en el Oceano Pacifico —Lo sé, Ana —dijo con profunda emoción—. No te asustes, que espero, con la ayuda de Dios y de los marineros, que lograremos dominarle.
—A tu lado no tengo miedo, ya lo sabes; pero ¿lograrán apagarlo?
—Por ahora no lo puedo asegurar; pero de todos modos no quiero estar desprevenido. Llama a dos marineros y haz preparar dos embarcaciones, las más grandes, y que pongan en ellas vÃveres y armas.
Dos marineros se pusieron en seguida a disposición de la joven, en tanto el capitán iba a las bombas.
El incendio, aunque vigorosamente combatido por toda la tripulación, progresaba cada vez más y amenazaba extenderse a todo el buque.
La despensa de los vÃveres se habÃa convertido en un homo, en el que ardÃan las grasas, se inflamaban los alcoholes, se tostaban y retorcÃan las pilas de bacalao y se consumÃan los barriles de carne salada, las lonjas de carnes secas y las cajas de galletas entre nubes de humo negro y fétido y penachos de chispas que envolvÃan las velas y el palo mayor.
Golpes sordos y chasquidos siniestros se oÃan bajo el puente, a los que hacÃan eco los rugidos, cada vez más espantosos, de los doce tigres, que se sentÃan sofocar, a pesar de las cubetas de agua que los marineros arrojaban contra las jaulas.