Un drama en el Oceano Pacifico
Un drama en el Oceano Pacifico Los marineros, pálidos, sÃ, pero resueltos a combatir sin tregua al elemento destructor, habÃan ya preparado las bombas, sumergiendo al efecto las mangas en el mar por los flancos del buque.
—El incendio no es, por ahora, grave —dijo el capitán—. Pero puede serlo si no se le combate con eficacia y vigor. Os pido sólo calma y sangre frÃa, y os advierto que el que abandone las bombas sin orden mÃa es hombre muerto.
Luego se volvió hacia los náufragos, que contemplaban desde el castillo de proa a los marineros con toda tranquilidad y metidas las manos en los bolsillos, y les dijo con voz amenazadora:
—¡A trabajar vosotros también! ¡Y si rehusáis, os hago azotar; palabra!
No habÃa que bromear con el capitán Hill, que tenÃa dadas muy repetidas pruebas de que sabÃa hacerse obedecer y remover cuantos obstáculos se le ponÃan delante. De buena o mala gana, los náufragos, incluso Bill y MacBjorn, que parecÃan contentos de haber escapado al castigo que les amenazaba poco antes, se pusieron alegremente a ayudar a los marineros. Mientras Asthor descendÃa a la estiba con algunos de éstos para colocar los tubos de salida del agua y los otros maniobraban enérgicamente en las bombas, apareció miss Ana, gritando:
—¡Padre, padre, hay fuego a bordo!
El capitán se le acercó apresuradamente.