Un drama en el Oceano Pacifico
Un drama en el Oceano Pacifico El capitán y el piloto, cubriéndose las bocas con los pañuelos y los gorros calados hasta los ojos, se lanzaron al sitio incendiado.
Allí vieron, a través del humo, que se hacía cada vez más negro y espeso, elevarse líneas de fuego, que lanzaban chispas contra las paredes de la estiba.
Escuchando con atención, se oía un chisporroteo ronco, interrumpido por sordas detonaciones, producidas al estallar los barriles de petróleo y otros líquidos espirituosos, y por los chasquidos de la madera al incendiarse. De cuando en cuando se aclaraba el humo, permitiendo ver con toda claridad las rojizas llamas, que se alargaban con contracciones de serpiente, lamiendo el suelo del entrepuente del buque; pero en seguida volvía a espesarse, envolviéndolo todo en una negra cortina, como si desde dentro le impulsara una corriente de aire.
—Es la despensa lo que arde —dijo el capitán, retrocediendo y secándose el sudor que le inundaba la frente.
—Sí, señor —respondió el piloto, cuya faz se había tornado sombría.
—Salgamos, o será demasiado tarde.
Envueltos ya por el humo, subieron rápidamente la escala y aparecieron sobre cubierta.