Un drama en el Oceano Pacifico
Un drama en el Oceano Pacifico Lanzó alrededor de sí una mirada terrible, fijándose primero en Bill, después en MacBjorn y luego en los compañeros de éstos.
—¡Ay de vosotros! ¡Sólo un indicio en contra vuestra, y os hago colgar a todos del más alto peñol! ¡A mí, Asthor!… ¡Vosotros, si estimáis la vida, a las bombas!
Dicho esto, se fue al lugar del incendio, seguido del viejo marinero, mientras la tripulación, abandonando a los dos prisioneros, disponía las bombas y las mangas, ayudados por los náufragos, que parecían haber abandonado todo propósito de venganza.
A pesar de las nubes de humo, que salían con gran fuerza por la enorme abertura, el capitán y Asthor bajaron la escalera que conducía al entrepuente.
El humo invadía ya casi toda la estiba. Salía en gruesas columnas del depósito de víveres, situado bajo la cámara común de proa, y se esparcía por todas partes.
Los tigres, que ya empezaban a sentir el humo y que presentían el cercano fuego, rugían y saltaban con ímpetu furioso, dando contra los hierros con sus cuerpos y haciendo oscilar las pesadas jaulas. Era aquél un concierto espantoso, una reunión de rugidos poderosos, de gritos roncos, de estruendosos bramidos que hacían erizar el pelo.