Un drama en el Oceano Pacifico
Un drama en el Oceano Pacifico —Comprendo más de lo necesario, MacBjorn —dijo el capitán irónicamente—. ¡Hola, amigos! ¡Apoderaos también de este esqueleto viviente!
—¡Pero señor! —exclamó MacBjorn, poniéndose pálido—. ¿Queréis matarme a disciplinazos?
—No; quiero ver también tus espaldas. ¡Desnudad a ese hombre de cintura arriba!
Los marineros iban a obedecer, cuando de improviso se oyó una voz que gritaba:
—¡Fuego! ¡Fuego!
Un rayo que hubiera caÃdo entre la tripulación no habrÃa producido mayor efecto que aquel grito lanzado en aquellos momentos.
—¡Fuego! —repitió la voz de antes.
Un marinero se lanzó fuera de la escotilla, pálido, convulso, transfigurado, gritando por tercera vez con una voz en que se notaba el espanto:
—¡El buque arde!
El capitán Hill se lanzó hacia él.
—¿Estás loco, Brown?
—No, señor —respondió el marinero—. ¡La despensa de los vÃveres está ardiendo!… ¡Mirad!…
Una nube de humo acre y denso salÃa de la escalera, primero con lentitud y después con más rapidez, envolviendo las velas bajas.
—¡Gran Dios! —exclamó el capitán.