Un drama en el Oceano Pacifico
Un drama en el Oceano Pacifico Terminados aquellos diversos trabajos bajaron al entrepuente para cegar la vía de agua abierta por el fuego.
Aunque medía dos metros de ancho por uno y medio de altura, Asthor se dedicó, ayudado por los tres marineros, a cerrar aquel boquete, empleando tablas y carenas que se procuró bien pronto. Hizo un reparo momentáneo, ineficaz contra las grandes olas, pero podría resistir algunos días hasta la llegada a la isla de Tanna.
A las ocho de la noche, cuando se hundía el sol en el mar, o mejor dicho, cuando parecía hundirse en las aguas, la «Nueva Georgia» se hallaba dispuesta a reanudar la navegación, interrumpida por tantas desgracias.
El capitán estableció turnos de guardia para no extenuar las fuerzas de todos, cosa bastante peligrosa por lo reducida que había quedado la tripulación, mucho más siendo el buque tan grande y hallándose tan mal pertrechado, pues sólo disponía de un palo en buenas condiciones.
Asthor, Grinnell y Maryland, debían montar la primera guardia; Hill, Fulton y Ana, que exigió se la tratara igual que a los demás, la segunda. Así, al menos, la mitad de los tripulantes podrían descansar cuatro horas antes de comenzar el servicio de un tumo de otras cuatro. Ana se lamentaba de no entender de maniobras, pues también hubiera querido tomar parte en éstas.