Un drama en el Oceano Pacifico
Un drama en el Oceano Pacifico —Ya deseo con ansia conocer a ese pariente mÃo. Si nos conduces donde está, te regalo un fusil y te enseño el modo de manejarlo.
—Te conduciré —dijo el salvaje.
En aquel intervalo se habÃa calmado el mar y retirado la marea, y el capitán, Ana y los marineros decidieron ganar el buque para pasar la noche. El salvaje, después de haber dudado unos momentos, les siguió.
Su admiración crecÃa a cada instante al ver los diversos objetos que habÃa en el puente y al mirar la profundidad de la estiba. Manifestaba su alegrÃa con frecuentes frotamientos de nariz, no respetando ni las del capitán ni las de Ana. La de Asthor se habÃa puesto roja como una amapola, porque el salvaje preferÃa a las demás la gruesa nariz del viejo piloto.
Después de una noche tranquila, durante la cual el volcán continúo lanzando sordos mugidos, que podÃan oÃrse a veinte millas de distancia, los náufragos y el salvaje dejaron el buque para ir a la aldea del rey blanco.