Un drama en el Oceano Pacifico
Un drama en el Oceano Pacifico Con un gesto imperioso ordenó al pueblo que se retirara y guardara completo silencio, disponiendo luego que su guardia de honor formara alrededor de la tienda para que no les molestasen. En seguida entró nuevamente y se colocó junto a sus amigos, que se habían sentado en una vasta estancia, o sea en el salón del trono, porque en el testero principal había una especie de plataforma cubierta con una esterilla, y sobre ella un escabel o silla, que debía haber sido construida por el mismo rey, pues los isleños del Océano Pacífico no conocen el uso de esos muebles.
—Antes de referiros mis aventuras —dijo Collin—, dejad que os ofrezca de todo lo mejor que produce la real cocina; pocas cosas, en verdad, pero malas no son.
Golpeó un mano con otra y aparecieron dos muchachos, llevando una gran vasija llena de un licor amarillento, nueces de coco y siete u otro pasteles que exhalaban un perfume exquisito.
—¿Qué nos ofrecéis? —preguntó Ana, que se había acomodado en el sillón real.