Un drama en el Oceano Pacifico
Un drama en el Oceano Pacifico —Pero ¿es que estoy soñando? —exclamó Ana, que se habÃa puesto pálida y después encendida como la grana.
—SÃ, yo soy, capitán —gritó el rey precipitándose en los brazos de Hill, y estrechando efusivamente la mano de la joven, de Asthor y de los marineros.
—Pero ¿cómo estás aquÃ, Collin? —preguntó el capitán, que no se habÃa repuesto aún de su sorpresa y que aún creÃa soñar.
—Pero ¡cómo! ¿No os ahogasteis? —le interrogó Ana, que lloraba de alegrÃa—. ¡Ah, creà que no os iba a ver más!…
—Después os lo contaré todo. Entrad ahora en mi real morada, a ver si esa gente chismosa y novelera vuelve a sus chozas.
Ofreció el brazo a Ana y, conduciéndola a la tienda, le dijo galantemente:
—Permitidme, miss, que os ofrezca mi trono, aunque sea el trono de un antropófago.
—¿Antropófago vos?
—TodavÃa no lo soy, miss, os lo aseguro. Durante mi breve reinado no se ha comido aquÃ, en mi tienda, ni en todo mi reino, una sola costilla humana. Puedo jurarlo. ¡Entrad, capitán! ¡Adelante, amigos, y acomodaos como mejor podáis!