Un drama en el Oceano Pacifico
Un drama en el Oceano Pacifico A fuerza de palos, empujones, codazos y puntapiés pudieron llegar ante la gran tienda o cabaña del rey. En aquel momento el monarca, atraÃdo por el ruido y las voces, apareció bajo el toldo de la puerta.
Era un hombre blanco, como lo habÃa descrito Koturé, de alta estatura, de unos treinta años, con grandes ojos azules y barba rubia. VestÃa una vieja camisa desabotonada, pantalones negros bastante deteriorados, sujetos con un cinturón de piel color de avellana con vetas negras, distintivo de los grandes jefes y del rey, según la severa etiqueta de Tanna. En la cabeza llevaba una corona de plumas de papagayo y numerosos collares de dientes de «gulú», asà como brazaletes de colmillos de cerdo salvaje y de perro, mezclados con escamas de tortuga.
Al ver llegar a aquel grupo de hombres rodeando a una joven, el monarca blanco se estremeció, se puso pálido como un muerto y parecÃa petrificado.
A los pocos momentos se arrancó la corona de plumas, que lo ponÃa desconocido, y se dirigió hacia el capitán, lanzando un grito de alegrÃa.
—¿No me conocéis ya? —exclamó.
—¡Collin! —gritaron a un tiempo el capitán, Ana y los marineros, en el colmo del estupor.
—¡Señor Hill! ¡Miss Ana! ¡Asthor! —gritó el rey.
—¡Collin!… ¡Vos! —repitió el capitán.