Un drama en el Oceano Pacifico
Un drama en el Oceano Pacifico —A proa, mi segundo.
—¿Has oÃdo un grito?
—SÃ, y venÃa del mar.
—Ten la barra, piloto.
El señor Collin dejó el timón, y agarrándose al cordaje y a cuantos objetos habÃa sobre cubierta, para no ser arrastrado por los violentos golpes de mar, que de cuando en cuando cubrÃan la cubierta con fuertes mugidos, se dirigió a proa. Un hombre de alta estatura, largas y fornidas espaldas y miembros musculosos daba órdenes con voz llena y acostumbrada al mando a un grupo de marineros que intentaban desplegar una vela del palo trinquete, que el fuerte viento abatÃa sin cesar.
—¡Capitán! —dijo.
—¿Qué deseáis, Collin? —respondió el gigante, volviéndose.
—Tenemos un náufrago en estas aguas. He oÃdo dos veces pedir socorro.
—¿Cuándo?
—Hace poco.
—¡Un náufrago aquÃ! ¡No hay que perder tiempo! Virad de bordo. Mi hija no me perdonarÃa el no salvar a un desgraciado.
—¡Es que el tiempo es horrible, señor!
—¡No importa! ¡Hay que intentarlo todo por salvarle! ¡Haced virar de bordo!