Un drama en el Oceano Pacifico
Un drama en el Oceano Pacifico —Si se hubiera caÃdo algún hombre de la «Nueva Georgia», los que están de cuarto se hubieran dado cuenta en seguida de la desgracia.
—¿Entonces?…
—¿Habrá algún pez de nueva especie por estas aguas?
—No conozco ningún pez del Océano PacÃfico que pueda lanzar un grito semejante.
—¿Será un náufrago?
—¿Un náufrago aquÃ, a doscientas leguas de Nueva Zelanda? ¿Has visto tú por aquà algún buque antes de que se pusiera el sol?
—Ninguno, señor —respondió el gaviero.
—¡Socorro!
—¡Por mil diablos! —exclamó el segundo, mordiéndose los largos y rojizos bigotes que adornaban su rostro, bronceado por los vientos del mar y los calores ecuatoriales—. Un hombre sigue a nuestro buque.
—SÃ, es verdad, señor Collin. Yo también he oÃdo el grito.
—¡Asthor!
Un viejo marinero, con larga barba gris y formas toscas y fuertes que demostraban una robustez excepcional, atravesó balanceándose el puente de la nave y se acercó al segundo.
—Aquà estoy, señor —dijo el lobo de mar.
—¿Dónde está el capitán?