Un drama en el Oceano Pacifico
Un drama en el Oceano Pacifico ¿Qué cosa meditaba en aquel momento aquel enigmático personaje, en cuya mirada podía leerse al mismo tiempo una extraña ternura y un relámpago de odio profundo?
En breve nos lo dirán los acontecimientos.
Hacia el mediodía aumentó la violencia del viento y el barómetro bajó bruscamente, mientras las olas que venían del Sur se hacían más frecuentes y cada vez más altas. Se veían subir a gran altura, mostrando sus crestas cubiertas de blancas espumas y venían a romperse con violencia contra la «Nueva Georgia», que cabeceaba vivamente.
Los tigres, como si presintieran la proximidad de la tempestad, se mostraban muy inquietos, y en la estiba se oían incesantemente retumbar sus roncos rugidos, que hacían palidecer a los marineros no habituados aún a tan desagradable concierto.
El capitán, para no dejarse coger desprevenido ante aquel huracán que desde hacía dos días parecía reunir fuerzas para desencadenarse con sin igual furor, hizo arriar las altas velas del trinquete y el contratrinquete y amainar la lona, que mandó desplegar por la mañana por ganar velocidad. No satisfecho aún, reforzó las amarras y ató sólidamente los botes, cuya pérdida hubiera sido funesta, así como mandó otras varias operaciones propias de un marino tan excelente y experto como él era.