Un drama en el Oceano Pacifico
Un drama en el Oceano Pacifico Una joven avanzaba hacia proa, agarrándose a las cuerdas para no ser arrastrada por las enormes masas de agua que con mil mugidos inundaban la tolda. PodrÃa tener dieciséis o diecisiete años; era una graciosa muchacha, alta, esbelta, con abundante cabellera de un rubio dorado, ojos azules, grandes, profundos, tez blanca rosada, no curtida aún por las brisas marinas y los rayos del sol ecuatorial.
En sus ojos, en la expresión de su rostro, en sus labios finos y bermejos se adivinaba que aquella joven, no obstante su aparente delicadeza y debilidad, era de una tenacidad y una audacia que están muy lejos de poseer las jóvenes de su edad, y sobre todo las europeas.
Aunque la tempestad era violentÃsima y el buque, de sólida construcción y perfectamente tripulado, corrÃa un serio peligro, aquella criatura no parecÃa espantada ni mucho menos, sino que sonreÃa tranquilamente, como si se encontrase a sus anchas entre los elementos desencadenados.
—¿Tú aquÃ, Ana? —repitió el capitán, aterrado.
—SÃ, padre mÃo —respondió, acercándose, la valerosa joven.
—Pero ¿no ves que una ola puede envolverte y arrojarte al mar?