Un drama en el Oceano Pacifico
Un drama en el Oceano Pacifico —La hija de un capitán de buque no debe ser menos que su padre. Además, ¿crees que puedo estar tranquila ahà abajo, cerca de esas feroces fieras que aúllan horrorosamente? ¡Ah, padre mÃo! ¡Hay que confesar que llevamos un cargamento demasiado peligroso!
—Las jaulas son sólidas, y el cuadro de popa no tiene comunicación con la estiba.
—Lo sé. Pero ¡qué rugidos lanzan esos animales!… Pero ¡calla! ¡La «Nueva Georgia» ha variado de ruta!… ¡Y están preparando un bote!… ¿Qué quiere decir esto, papá?
—No te inquietes, Ana —respondió el capitán—. Hemos virado de bordo para buscar un náufrago.
—¿Ha caÃdo al mar alguno de tus marineros?
—No, a Dios gracias. Se trata de un desconocido que hace pocos minutos pedÃa socorro.
—¿Dónde?
—TodavÃa no lo sabemos.
—¿No le habéis visto?
—No, pero el segundo y el piloto le han oÃdo gritar.
—¡Pobre hombre! ¡Es preciso salvarle a toda costa!
—Eso estamos intentando.
En aquel instante, en medio de las olas que chocaban unas contra otras, produciendo un ruido ensordecedor, se oyó una voz gritar repetidamente: