Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —¿Morgan aqu� Entonces, ¿los filibusteros de las Tortugas han tomado la ciudad?
—Esta mañana.
—¿Podré verle?
—Cuando queráis.
—Y vos, capitán, ¿me permitiréis verle? —preguntó al español.
—Sois libre, señorita, puesto que el Gobernador ha huido.
—¡Ah! —dijo la joven con acento irónico—. ¿El señor Conde de Medina ha escapado ante los filibusteros de las Tortugas? ¡Le creÃa más valiente!
—Es preferible la fuga a la prisión.
—¡SÃ; para los que no saben morir luchando! Entonces, ¿soy libre?
—Y estáis bajo nuestra protección, señorita —dijo Carmaux.
—¿Me habéis dicho…?
—Que éramos dos fieles servidores de vuestro padre, el Corsario Negro.
—¿Vuestros nombres?
—Carmaux y Wan Stiller.
La joven se pasó la mano por la frente como para reavivar sus recuerdos, y dijo: