Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —Señores —balbuceó—, ¿por qué no me lo habéis dicho antes?
—¡Silencio, y hablad en voz baja! Debemos fingirnos aventureros, y nadie puede saber quién nos ha enviado aquà —dijo gravemente Carmaux.
—¿Estáis encargados de alguna investigación sobre la administración de la colonia?
—No. Debemos comprobar una noticia que interesa mucho al ilustrÃsimo señor Presidente. ¡Ah! ¡Ahora que pienso!… Vos podréis decirnos algo. ¿Frecuentáis la casa del Gobernador?
—Tomo parte en todas las fiestas y recepciones, señor…
—Llamadme simplemente Manco —dijo Carmaux—. ¡Tabernero, las botellas no se llenan solas cuando están vacÃas! ¡Busca en tu bodega si tienes algo mejor! ¡No me importa el precio!
—Nos embriagaremos —dijo don Rafael, que tenÃa ya el rostro rojo como la cresta de los gallos que en aquel momento reñÃan.