Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro EL SECUESTRO DEL PLANTADOR
Mientras llevaban nuevos gallos —pues aquellas riñas solĂan durar a veces noches enteras—, Carmaux, Wan Stiller y el obeso don Rafael, sentados ante una mesa colocada en un ángulo de la estancia, bebĂan alegremente como antiguos amigos un excelente jerez de dos piastras la botella.
El español, de buen humor por las ganancias obtenidas, hablaba como una cotorra, alabando sus plantaciones y sus refinerĂas de azĂşcar y haciendo comprender a los dos aventureros que era un pez gordo en la colonia.
De pronto se interrumpiĂł y preguntĂł a quemarropa a Carmaux, que seguĂa llenándole el vaso:
—Pero, señor mĂo, Âżno sois de la colonia?
—No. Hemos llegado esta noche.
—¿De dónde?
—De Panamá.
—¿Habéis venido a buscar ocupación? Siempre tengo algún puesto disponible.
—Somos gente de mar, y, además, no pensamos detenernos mucho aquĂ.
—¿Buscáis algún cargamento de azúcar?
—No —dijo Carmaux bajando la voz—. Estamos encargados de una misiĂłn secreta por cuenta del ilustrĂsimo señor Presidente de la Audiencia Real de Panamá.
Don Rafael abriĂł desmesuradamente los ojos y palideciĂł ligeramente.