Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro Morgan, que tenía prisa por ponerse a la vela y refugiarse en las Tortugas, y por saber si los otros barcos de la escuadra, que llevaban gran parte de las riquezas apresadas, se habían salvado, no había salido de la cala, donde animaba a los carpinteros.
Hasta los prisioneros españoles habían sido empleados en formar una doble cadena, trabajando con achicadores y cubos, que llevaban llenos de la sentina y vaciaban sobre cubierta.
En esto cayó la noche, sin que el trabajo hubiese terminado, con gran disgusto de la tripulación, que comenzaba a desesperar de conseguir que el velero quedase en condiciones de navegar.
Todos estaban exhaustos, especialmente los hombres de las bombas y los prisioneros dedicados a la cadena; tanto, que varios de estos, no obstante las amenazas de Pedro el Picardo, se habían negado resueltamente a trabajar más.
—¡Esto va mal! —dijo Carmaux, que había subido sobre cubierta a tomar un poco de aire y que por sus compañeros supo las noticias—. ¡Se diría que algún santo o algún demonio protege al conde de Medina! Si esto sigue así, en vez de ir a las Tortugas naufragaremos en las costas venezolanas.
—¿Lo crees, compadre? —preguntó Wan Stiller, que había cambiado la guardia con un amigo.