Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —Esta mañana la costa estaba apenas visible, y ahora se distingue perfectamente. ¡Hay una maldita corriente que fatalmente nos arrastra hacia el sur!
—¿No puede taparse esa vÃa de agua?
—Parece que se ha abierto otra. Me han dicho que ahora el agua entra por la popa.
—¿No la habÃan visto antes?
—No.
—¿Cómo te explicas esa historia?
—Corren sospechas.
—¿Cuáles?
—Que algunos prisioneros, aprovechándose de la poca vigilancia que ejercen nuestros hombres, ocupados con las bombas, han agujereado la nave por ese lado.
—El capitán debÃa ahorcarlos.
—¡Ve a saber quiénes son!
—¿Y que dice el señor Morgan?
—Está furioso, y ha amenazado con tirar al mar a todos los prisioneros si logra descubrir a alguno con el aparejo de taladros.
—¿Has vigilado al Gobernador?
—No le he dejado ni un momento; y creo que ha sospechado ya que desconfÃo de él.
—¿Habrá sido él quien ha hecho el agujero?
—No, porque siempre le he visto en las bombas —repuso Carmaux.
—¿Tendrá algún cómplice?