Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —¡Quién sabe!
—Mejor hubiera hecho el señor Morgan dejando a todos los prisioneros en tierra. ¡Siempre es un peligro más! —dijo el hamburgués.
—¡Pero valen millares de piastras, compadre!
—¡Truenos de Hamburgo! —exclamó tras una pausa Wan Stiller—. ¡DirÃase que la hija del Corsario nos ha traÃdo la mala suerte!
—¡Bah! ¡No hay que desconfiar! —dijo Carmaux—. El timón ya está en su sitio; y si esta noche los carpinteros logran tapar la vÃa de agua, mañana pondremos la proa al norte.
A media noche, cuando ya confiaban en poder dar los últimos golpes en las tablas y espartos colocados en la vÃa de agua, los carpinteros fueron sorprendidos por una imprevista irrupción de agua que venÃa de babor con tal rapidez, que en menos de diez minutos habÃa cubierto el empalizado. Casi al mismo tiempo un fuerte viento del norte empujó a la nave con mayor velocidad a la costa venezolana, ya muy próxima.
Al oÃr el grito de alarma de los carpinteros, Morgan habÃa comparecido con Pedro el Picardo, y tuvo que reconocer que la nueva vÃa de agua era imposible de agotar con las bombas de a bordo; la tripulación estaba completamente postrada por el incesante trabajo, que ya duraba hacÃa veinticuatro horas.