Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —El hombre que aquà ves es el jefe de una inmensa tribu que jamás fue vencida por los españoles. Tiene un infinito número de grandes piraguas, de tubos que desencadenan el rayo y que matan desde lejos, y pueden dominar con un gesto los vientos y las tormentas. Su brazo es invencible, y la espada que ciñe ha cortado más vidas que árboles hay en el bosque. Es el mayor guerrero de los paÃses en que nace el sol.
—¡No faltaba sino que me proclamases genio! —dijo Morgan riendo.
Los dos indios habÃan escuchado en silencio las palabras de Carmaux, y con seriedad absoluta.
—Mis palabras han hecho efecto —dijo este—. ¡Ya somos invencibles!
—Si lo creen —dijo Yolanda.
—¡Oh! ¡Tienen grandes tragaderas! —repuso el marinero.
El indio que llevaba el pico de tucán cambió con su compañero algunas palabras, y avanzó diciendo:
—Vosotros, que sois hombres tan poderosos, permitid que nos pongamos bajo vuestra protección.
—¿Os amenaza alguien? —preguntó Morgan.
—SÃ; los guerreros oyaculés —repuso el indio, mirando a su alrededor.
—¿Quiénes son?