Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —Indios malos, que matan a los prisioneros de guerra, y que nos han sorprendido esta mañana junto a las orillas de la sabana mientras esperábamos cazar el maipuri (tapir).
—Nunca he oÃdo hablar de esos indios —dijo Carmaux—. ¿Quiénes son?
—Hombres que tienen la piel casi blanca, como la vuestra, la nariz encorvada y barbas largas, —repuso Kumasa—. Habitan en las grandes selvas del interior, y de cuando en cuando hacen correrÃas por las orillas del mar para saquear nuestras aldeas.
—¿Eran muchos los que te atacaron? —preguntó Morgan.
—No; siete u ocho.
—¿Con arcos y flechas?
—Y con pesadas vanayas.
—¿Qué es eso?
—Mazas de madera y de hierro de forma cuadrangular, que manejan con extraordinaria habilidad.
—¿Os han seguido?
—SÃ.
—¿Están cerca?
—No sé —repuso el indio—. Hace una hora que los hemos perdido de vista.
—¡Y no tener ni un fusil! —dijo Morgan mirando inquieto a Yolanda.