Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —¿Qué queréis decir, Carmaux? —preguntó Yolanda.
—Que también podrÃan pertenecer a la fragata que hemos abandonado después del abordaje.
—¿Y nuestra nave? —preguntó Morgan—. ¿Dónde creéis que haya terminado?
—No sé, señor —respondió el marinero—. Sin embargo, me parece que si hubiese naufragado aquÃ, en esta playa, alguien deberÃa haberse salvado.
—Vamos a ver esos restos —dijo Morgan, que se habÃa tornado pensativo.
Abriéndose paso entre los manglares, llegaron pronto donde las olas habÃan empujado los restos, encontrando en la arena otros desechos, incluido un afuste de cañón, al que le faltaba una pieza.
Morgan se habÃa precipitado sobre él, sabiendo que las armas habitualmente llevaban pintado el nombre de la nave a la que pertenecÃan.
—¡TenÃais razón, Carmaux! —gritó—. Estos restos pertenecen a la fragata. Aquà en este afuste está pintado su nombre.
—Entonces, ¿qué le ha pasado al velero? —dijo Yolanda.
—No me atrevo a responder, señorita —dijo Morgan.
—Decidme francamente vuestro pensamiento —insistió Yolanda—. ¡Soy hija de un corsario!