Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —Soy un pobre náufrago —dijo Pedro avanzando—, compatriota vuestro.
Los cuatro marineros le rodearon mirándole con compasión.
—¡Pobre hombre! —dijo el más viejo—. ¿Hace mucho que vagáis por esta selva?
—Tres semanas —dijo Pedro.
—¿Se estrelló vuestra nave?
—Completamente, y no fue posible salvar nada.
—¿Cómo se llamaba?
—La Pinta.
—¿Se ahogaron vuestros compañeros?
—La mayor parte.
—¿No estáis, pues, solo?
—No; nos hemos salvado siete.
—¿Dónde están los demás?
—En una cabaña que hemos construido no lejos de aquÃ; pero están tan extenuados, que ni andar pueden.
—Pues aquà abundan las frutas.
—No tenemos ni un hacha para cortar ramas.
—¡No os dejaremos morir de hambre! —dijo uno.
—Esperad que vaya a prevenir al oficial, y vosotros, camaradas, dad un poco de galleta y de aguardiente a este pobre hombre.