Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro Entretanto, las otras dos chalupas habÃan abordado el barco por estribor, y las tripulaciones habÃan subido lanzando feroces clamores.
Pedro el Picardo habÃa ocupado el castillo, en el cual habÃa algunas piezas de cañón, y situó un fuerte destacamento ante la cámara.
En las baterÃas del entrepuente se oÃa a los marineros españoles gritar:
—¡Traición! ¡Traición!
Morgan hizo encender algunas linternas y ordenó abrir las escotillas.
Los españoles habÃan desertado del cuadro, y de la cámara común, refugiándose en el entrepuente, donde acaso pensaban oponer alguna resistencia.
Morgan se inclinó por una escotilla, gritando:
—¡RendÃos! ¡La nave es nuestra!
Dos o tres disparos le contestaron.
—¡Os prometo dejaros la vida!
—¡Fuego sobre ese ladrón de mar! —Se oyó gritar a una voz, que debÃa ser la del capitán.
Morgan se retiró precipitadamente, mientras el entrepuente se iluminaba con vivo fulgor. Los españoles, en vez de rendirse, se defendÃan vigorosamente.
—¡Os mataremos lo mismo! —gritó Morgan—. ¡Pedro!
—¡Aquà estoy!