Yolanda, la hija del Corsario Negro
Yolanda, la hija del Corsario Negro —¡Subid a las chalupas, y silencio! —dijo Morgan—. ¿Lleváis cargados los arcabuces?
—¡SÃ, capitán! —contestaron todos.
—¡Apenas en la toldilla de la nave, atacad sin misericordia!
Los cincuenta y seis hombres embarcaron en silencio.
Morgan tomó sitio en la chalupa mayor, tripulada por dieciocho corsarios; Pedro en otra, y los demás, en la tercera.
Destacadas de la playa las tres embarcaciones se dirigieron velozmente hacia la corbeta de modo que pudieran abordarla por dos lados.
La chalupa de Morgan fue la primera en llegar bajo la escala de babor, que habÃa sido bajada.
El filibustero empuñó las armas, y subió a toda prisa seguido por sus dieciocho hombres.
Apenas llegados a cubierta, viendo acercarse algunos marineros, descargó contra ellos su pistola. El tiro fue seguido de una descarga de arcabuces y gritos de ¡rendÃos a los corsarios, o sois muertos! Los hombres de guardia, espantados, presa de un súbito pánico y viendo caer a varios de los suyos, se dieron a la fuga hacia la cámara de proa, precipitándose por la escala.
—¡Ocupad el cuadro, y fuego sobre quien intente subir! —gritó Morgan.