Yolanda, la hija del Corsario Negro

Yolanda, la hija del Corsario Negro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Hablo en serio. Es un ardid de los indios para proporcionarse buenas anitras con poca fatiga. Ya sabes que todas las aves marinas son recelosas en extremo y que casi nunca dejan acercarse a las chalupas.

»Los caribes lanzaban un gran número de cestos atados entre sí con larguísimos bejucos para acostumbrar a los volátiles a su presencia.

»Cuando creen llegado el momento propicio, hábiles nadadores como son, se lanzan al agua con la cabeza metida en un cesto, en el cual han hecho algunas aberturas para ver con libertad.

—¡Comprendo! —dijo Wan Stiller riendo—. Protegidos por los cestos, se acercan a los volátiles y los cogen debajo del agua.

—Precisamente —repuso Carmaux—; y puede asegurarse que hacen abundante caza y que nunca vuelven al pueblo sin llevar colgados del cinturón ocho o diez pájaros. Cuando…

Un sonoro estornudo le interrumpió. Don Rafael había abierto los ojos y hacía desesperados esfuerzos por levantarse y soltar las ligaduras que le aprisionaban manos y pies.

—¡Buenos días, señor! —dijo Carmaux—. ¡Realmente era de primera clase aquel Alicante!

El desgraciado plantador le miró con ojos aviesos, y rechinando los dientes dijo con voz ronca:

—¡Sois dos malandrines!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker